Por Rosendo Fraga
La Cumbre de países democráticos que convocó Joe Biden para el 8 y 9 de este mes, puso en evidencia los cuestionamientos al funcionamiento de la democracia en el ámbito global, pero particularmente en Occidente. El Presidente estadounidense dijo que la democracia pierde terreno de manera “desenfrenada”.
Los Parlamentos, en particular, son una de las instancias institucionales más criticadas. Los ciudadanos lo ven alejado de la realidad, ensimismado y dedicando demasiado tiempo a discutir, en un mundo donde la velocidad es cada vez más grande. En este marco, el Parlamento argentino incorporó esta semana los nuevos legisladores, en una situación política de equilibrio de fuerzas en la que ni oficialismo ni oposición tienen mayoría en ninguna de las dos Cámaras.
En el Senado, el oficialismo, que tenía 41 senadores, ahora tiene sólo 35. La oposición y sus aliados cuentan con un interbloque de 33. Los 6 legisladores restantes son el “fiel de la balanza”. En el caso de Diputados, la situación es similar. El oficialismo cuenta con 118 bancas y la oposición con 119. Los 20 legisladores restantes son los que definen si hay quórum o no, para tratar los proyectos.
Generalmente en la Argentina, que es un país fuertemente presidencialista, el Poder Ejecutivo ha controlado las dos o una de las Cámaras.
El país se encuentra en una situación muy difícil. La agenda parlamentaria inmediata tiene temas como el Presupuesto 2022, el Plan Plurianual -que todavía no ha entrado al Congreso- y el acuerdo marco con el Fondo Monetario Internacional, que no ha sido redactado ni acordado.
El interbloque opositor está integrado por seis bloques diferentes y ello no facilitará gestar los acuerdos en este Parlamento con el poder dividido.
Es cierto que se incorporan como legisladores individualidades capaces y con larga trayectoria, sobre todo en el ámbito económico. Pero el Parlamento, en las últimas décadas, por lo general no ha producido liderazgos políticos nacionales. Ellos han surgido más bien del ámbito ejecutivo, ya sea nacional o provincial. Pero dar gobernabilidad es ahora el desafío de este nuevo Congreso y alcanzarla es la clave del equilibrio político de los próximos dos años.